24 junio, 2016
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Comenzó la carrera por la presidencia


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A dieciocho meses de las elecciones, la gestión D´Onofrio sintió en cuerpo entero aquella frase de que River es el club más politizado de la Argentina. Tras dos años donde nadie se atrevía a cuestionar y las reuniones de comisión directiva se cerraban con aplausos y felicitaciones por los logros alcanzados, la aprobación del contrato de Enzo, abultado y discutido por el flojo andar en los mercados de pases sobre todo en la renovación de las figuras más importantes, marcó el inicio de un pequeño sacudón que parece mover los cimientos de aquel ideal que tenía como fin la alternancia de la figura presidencial dentro de las propias líneas del oficialismo.

De la filosofía resultadista que gobierna nuestro fútbol no vamos a hablar, aunque sí parece jugar un rol determinante en la configuración de un hincha siempre insatisfecho, aun cuando las copas se amontonen a la vuelta de la esquina. Pero está bien, River es una escuela de fútbol con una historia que justifica un paladar exigente y así lo deben entender quienes nos gobiernan. Gallardo, que tomó la base del equipo de Ramón que jugaba mal pero ganó en confianza tras el Ramirazo, comenzará este segundo semestre del 2016 con la difícil misión de volver a ser, sin los pilares que heredó del riojano.

Hace un año que River ganó la Libertadores y comenzó una debacle que no se acentuó en Japón porque el Barcelona de Messi bajó el pie del acelerador. Pero más allá del bajón propio de un grupo de jugadores que llevó la intensidad y concentración al límite, lo que más se puede cuestionar, aun sabiendo las particularidades de cada caso y desconociendo los detalles en cada negociación, es la ineficacia de esta dirigencia al momento de renovar los contratos de sus principales figuras.

Enzo y un contrato por demás oneroso

“Como manager de River no puedo estar todo el día atrás de la situación de cada jugador”, aclaró Enzo Francescoli hace tres días en una entrevista con Sportia. Desafortunada declaración en el contexto de un club que pierde patrimonio por vender campeones a precio de outlet, en el mejor de los casos, o dejarlos ir sin recibir nada a cambio, solo cancelando deudas. El golpe de efecto llegó con la firma de un contrato abultado, con pagos retroactivos de un cargo que inicialmente se formalizó como ad honorem.

River se obsesionó con la AFA

Más en Viamonte que en Alcorta, D´Onofrio se metió a pelear por la SuperLiga. El descalabro de la AFA es tal que los clubes grandes se quieren correr antes que quedar pegados por algún caso de corrupción. La necesidad de un cambio es clara, y River no quiere ser ajeno a ello y por eso se involucró con el objetivo de renovar al deficitario fútbol argentino. Pero tanta exposición del presidente terminó por descuidar la cocina del club y ahora parece que vive tiempos de cuestionamientos justificados.

Porque si algo hay que aclarar es que en estos últimos meses los objetivos, que antes parecían claros, ahora se trastocaron y el técnico ya no muestra el mejor humor por tener un grupo de jugadores que no responden a sus expectativas. En el plano institucional, los socios siguen manifestándose por aumentos en los abonos para asistir a la cancha que pese a que van de la mano de la inflación del país se vuelven un impedimento para poder asistir con regularidad a ver a un equipo, que para colmo perdió la brújula.

Los números ya no son tan claros

Desde el comienzo de la gestión, cuando los números verdaderamente asfixiaban, Brito y Ballota se mostraron dispuestos a dar conferencias de prensa para demostrar que las cuentas estaban mal, no obstante, un trabajo claro y responsable permitió conseguir ingresos genuinos que sacaron al club de una situación apremiante que impedía competir en el mercado de pases con otros clubes. Esta posición se bajó claramente desde los primeros mercados de pases que quizás encontró en los cuarenta millones de pesos invertidos por el Pity Martinez a su talón de Aquiles.

La publicación de los clubes que más deudas tenían con AFA sirvió para relajar a varios ya que River no solo no figuraba en la lista sino que además aparecía como prestamista. Sin embargo, en los primeros días de junio, sin consulta en Asamblea de Socios, se aprobó un préstamo con el banco Credicop para liquidar una deuda extraordinaria con la AFA. La pelea por el compromiso de pago, los intereses y la falta de transparencia exacerbaron los ánimos de una oposición que ya no aplaude y cuestiona.

Algunas conclusiones

Y respecto a Enzo, ¿cómo se mide el trabajo de un manager? Una función casi desconocida que tomó relevancia los últimos años pero nadie puede asegurar a ciencia cierta en qué medida alivia el trabajo del entrenador y coordina la política de compras, de un club que ya aclaró no estaba para despilfarros. Posiblemente, los títulos hayan servido para impulsar su trabajo y luego se deformó en un enamoramiento (¿por ventajas comparativas?) hacia refuerzos uruguayos conocidos por el entrenador pero de discutibles antecedentes.

Esta gestión hizo fácil lo difícil: salir de la crisis terminal de DAP y reformar un club destruido. Nadie podrá cuestionar eso, aun si la gestión terminara hoy. Pero eso no quiere decir que a nivel global se deba aceptar todo y mirar para otro lado cuando desde lo económico la comunicación es clara, pero los papeles no. El trabajo se medirá a fin de mandato, aunque la pelea por el sillón acaba de comenzar.

Sobre el autor

Ignacio Rocca


Director River al Toque. Casi Licenciado en Comunicación (UBA). Primero socio, después hincha y también periodista del más grande. Mendigo del buen fútbol.

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