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#VamosAVolver

No queremos despedirnos, sino reordenaros para volver más fuertes. A veces, como en la vida, hay que saber cerrar etapas que te permitan avanzar. Esta web, con sus redes sociales, ha sido mantenida por dos personas a lo largo de estos años, sin apoyo, ni otro objetivo que darle un mejor servicio al socio. Nos vemos en la obligación de tomarnos un pequeño descanso para volver a pensar algo que pueda ser una bocanada de aire fresco en el periodismo partidario riverplatense. Estén atentos.
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| Lo que aprendimos con los Juegos Olímpicos |

Inmersos en la fiebre de los juegos olímpicos, emocionados por equipos y atletas que nos representan como pocos, debemos parar la pelota y entender que estos tipos pelean cada cuatro años por mejorar marcas, técnicas, ganar centímetros o enderezar una postura, y en pocos segundos todo su esfuerzo se transforma en una medalla, o queda en el archivo para volver a empezar.

El fútbol no cuenta con ese estigma, cada fin de semana, hay revancha. La derrota duele, pero no hay que rendirse porque una nueva oportunidad espera a la vuelta de la esquina. Una eliminación copera nos transforma, pedimos que rueden cabezas, pero al año siguiente hay otra chance. La historia la escriben los que ganan, pero yo no me olvido de las tachaduras, de las pruebas, de los aciertos y errores.

Gallardo quedó en el póster, pero atrás hubo un técnico como Ramón que dejó su marca y sentó las bases. Más atrás otros, que a su manera fueron sembrando una forma de reestructurar al equipo. Hoy, el mismo Gallardo, acorralado por un plantel diezmado que camina rumbo a la reestructuración tiene su primer examen. Una nueva final copera, la costumbre de cambiar deseo por realidad.

River volvió a ser, con altibajos, pero sin perder su grandeza. River siempre tiene revancha, River nos pide calma, apoyo y exigencia. El fútbol es así, te enfrenta con el fracaso, pero te deja una puerta abierta para la revancha. En Brasil, los atletas argentinos nos enseñaron que el esfuerzo es la piedra basal del deporte, el regalo más grande que puede ser premiado o no, pero ahí, donde nos queremos acomodar todos para sentirnos seguros, en el podio de los triunfadores, a veces, la suerte y los momentos también juegan.

Por eso, elijo creer en los procesos, en el trabajo del Muñeco, en su capacidad. En las ganas de los que llegaron, y la revancha de los que están. En sentir que volver a verte River, jugando una final de Copa, renovando las ilusiones es un volver a empezar. Y tras varios días de emociones fuertes, de atletas que nos enseñaron valores, me siento mejor hincha, pero además, una mejor persona.
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| Qué viva el fútbol, Pisculichi |

El fútbol se resuelve por momentos y las carreras de los jugadores por goles. Son instantáneas que revivimos por youtube y te trasladan al espacio preciso desde donde lo viste o viviste por primera vez. La primera vez que lloré en la cancha fue tras el descenso, y a las cuatro horas de terminado el partido, cuando caminaba por Lidoro Quinteros en un barrio que parecía inmerso en una guerra.

Me tocó emocionarme un año después cuando Trezeguet nos despertó de una pesadilla que duró 363 noches. No festejé el ascenso, ese ridículo orgullo de ser hincha de River conspiró contra la emoción, pero al fin, y en la misma Lidoro Quinteros me volví caminando tranquilo, sabiendo que por fin podría dormir sin hacer cuentas o ver partidos de Central esperando un resultado salvador.

En aquel momento, pensé que el fútbol estaba ocupando un lugar demasiado importante en mi vida, que tenía que bajar un cambio, pero llegó Ramón y luego el Muñeco. Una noche, cagado en las patas, en la tribuna del Monumental, Pisculichi me hizo llorar de alegría y sentí alegría. Ninguno de los llantos anteriores (los años aflojan las lágrimas) fue tan lindo como este.

El pase a la red de Pisculichi fue la emoción más grande que viví en una cancha; preguntale a cualquiera que haya estado esa noche en el Monumental y te dirá que se festejó más que la propia obtención de la Copa. No porque vivamos de ellos, sino porque en un instante logramos renacer como hinchas. Volvimos a levantar la cabeza, respondimos con razón en la cancha cuando antes lo hicimos por pura pasión.

La partida de Leo Pisculichi cierra una era. Quizás haya marcado el gol más importante de los últimos treinta años. El que espantó los fantasmas, las dudas, la bronca y resignación. Quizás me digan exagerado, puede ser; pero nadie me puede quitar esa sensación de saber que con ese gol y luego el triunfo River estaba preparado para todo. Como con el Ramirazo o el penal de Barovero, tres momentos que indicaron un cambio de paradigma en la clásica rivalidad.

Por eso, por tu magia, por la sonrisa y porque cuando el fútbol se vuelve gris, cuando todos corren y nadie piensa, cuanto el relator se pone a jugar con el comentarista, Leo para la pelota, la pone debajo de la suela y piensa. Solo con eso, con tan poco, no sólo justifica el precio de la entrada sino que nos transporta al potrero, al fútbol cinco con amigos, al amateurismo, al goce, al “que viva el fútbol, Pisculichi” que se hizo ringtone; al gol que una noche nos devolvió el alma.
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River al Toque compartió el video de Infobae. ... See MoreSee Less

#ElDroneDeInfobae El Monumental como nunca lo viste: desde un drone y en 360° infob.ae/2a8183d

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