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river plate en japon 2015

Detrás del campo de Juego


DYN902, BUENOS AIRES 08/02/2016, RIVER PLATE VS. QUILMES FOTO: DYN/ALBERTO RAGGIO

Examen aprobado


andres dalessandro river plate

Con D´Alessandro cerramos la grieta


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River tuvo doce técnicos en los últimos diez años. Ramón Díaz, el más ganador, alcanzó a dirigir dos temporadas, se despidió entre lágrimas y con el objetivo cumplido: volver a poner al equipo en lo más alto. Para Marcelo Gallardo tomar la posta no fue fácil pero su capacidad lo posicionó como el entrenador que más competiciones internacionales alcanzó.

River tuvo doce técnicos en los últimos diez años. Sin proyecto futbolístico, ni apoyo dirigencial o amparado en una política de refuerzos, los apellidos ilustres vacilaron por el banco de suplentes que da espaldas a la tribuna San Martin. Fueron diez años de tristezas y frustraciones. Pruebas y errores.

River tuvo doce técnicos en los últimos diez años. La insatisfacción del hincha, plagado de espejos donde mirarse pero sin objetivos claros, convirtió al fútbol argentino en una picadora de carne que premia solo al que gana y castiga al que intenta destruyendo de raíz ideas renovadoras.

River tuvo doce técnicos en los últimos diez años y con ninguno pude vivir la emoción de un equipo que me represente, que me acerque a los años dorados, a vivir lo que me contaron, a festejar lo que veía en youtube, a llorar de felicidad en una cancha y no de bronca.

No es una prueba de amor o la idiota testarudez de soltar aquello que me hizo feliz, es la firme convicción de saber que nada será mejo que lo actual; que nadie nos representará en un banco como lo hizo Gallardo y que ningún partido o resultado justificará su permanencia en el cargo.
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La lluvia maquilló las lágrimas de una noche de invierno. En el Monumental, en casa, con los que siempre compartimos la tribuna y frente a un final que dejó de ser un sueño para convertirse en realidad.

Un año atrás éramos campeones de la Copa y enterrábamos años de frustraciones. Las peripecias fueron tan emocionantes que la propia realidad superó al mejor guionista. Estamos a horas de volver a retomar ese camino, sinuoso, lleno de dificultades pero con desafíos.

Y si tenemos una persona capaz de enfrentar los desafíos con la grandeza que nuestro club merece es Gallardo, y sus guerreros. Jugadores que entienden los momentos y han aprendido a convivir con la adversidad.

River, te vuelvo a ver. Como cada noche de copa para vivir cada instante como único, con el objetivo de repetir, para volver a llorar como chicos, para sentir que el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes.
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| A octavos con dudas | (Por Ariel Mantelman )

River derrotó por 4-3 al débil Trujillanos como local y avanzó a los octavos de final de la Copa Libertadores al clasificar como primero en su grupo. El partido, que se presentó favorable y similar al que había disputado frente a The Strongest, unas semanas atrás, terminó con un serio llamado de atención.

A los 19 minutos, ya estaba ganando 2-0 con un doblete de D´Alessandro (tiro libre y otro de penal). El cabezón hacía jugar al equipo, se asociaba permanentemente con Nacho Fernández y Mayada; Alario bajaba a participar y el equipo gustaba porque movía la pelota de un lado a otro con velocidad y criterio.

Llegada la media hora, y cuando el equipo venezolano no pasaba mitad de cancha, asomó el primero llamado de atención: Cova descontó tras un error compartido entre Maidana que dejó corto un pase y Balanta que se confió. Seis minutos después, Mendoza vio la segunda amarilla y se fue a las duchas. Aunque con el correr del partido pareció River el que se quedó con un jugador menos.

Así finalizó el primer tiempo: D´Alessandro figura, con Casco jugando un gran partido -demostrando una vez más que, a diferencia de otras oportunidades, cuando el equipo está bien es un punto alto, incluso generando el penal del segundo gol- y con Trujillanos generando solo una situación de peligro.

| El declive de la segunda parte |

A los minutos del segundo tiempo, el arquero Perez salió a cualquier parte y Mayada empujó la pelota al arco vacío. Casi al instante del tercer gol millonario, D´Alessandro fue preservado y abandonó el terreno de juego. Alario -que siempre tiene un minuto más que el resto adentro del área- definió con mucha categoría y estampo un 4-1, resultado que parecía quedarse corto.

Pero Trujillanos, eliminado, siendo el peor equipo de la copa y con diez jugadores, descontó luego de una serie de rebotes que González logró convertir. Unos minutos después, tras un penal evitable de Balanta -de flojo partido en general- Cabezas puso cifras definitivas.

Bertolo y Martinez ingresaron y fueron más de lo mismo. El ex jugador de Banfield, que venía en levantada, al menos intenta y busca continuamente asociarse y luchar cada pelota demostrando compromiso. En cambio el “Pity” sigue entrando con desgano, volviendo al trote, y pareciera no querer aprovechar la infinidad de chances que le da Marcelo Gallardo.

Lo que sucedió puede haber sido producto de la relajación por estar en ventaja 4-1, pero el equipo venezolano dejó en evidencia falencias defensivas que River tuvo durante todo el año y deberá corregir. Si bien las lesiones lo han hecho cambiar de defensa en reiteradas oportunidades, el equipo tiene que encontrar solidez defensiva que lo caracterizó durante gran parte de 2014 y 2015 más allá que los interpretes no sean los mismos.

La próxima semana comienza lo que más le gusta a este plantel y sobre todo al técnico: los cruces mano a mano. Enfrentará a Independiente del Valle en Quito -probablemente el próximo jueves- y definirá una semana después como local. Pero antes de este cruce, el domingo, deberá enfrentar al rival de toda la vida en la Bombonera. Inmejorable oportunidad para terminar de arrancar de una vez por todas.
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| Triunfo en el momento y lugar adecuado |

La confianza no se entrena, ni se trabaja en la semana: se gana. Los equipos se arman en base a buenas ideas pero también a una cuota de suerte, instantes donde la pelota camina por la línea y decide entrar o no, según lo que más convenga. Cuando convencimiento más fortuna se conjugan los equipos ganan en confianza y de ahí las cosas parecen más nítidas.

River venía acumulando malos desempeños y peores resultados. Para colmo, los golpes llegaron sobre el final, lo que además, repercutía en profundizar un estado de situación: un equipo incapaz de sobreponerse a la adversidad. El empate con Central, con un Larrondo héroe en el minuto 90; pasando por el gol de Chumacero en La Paz o hasta el cachezato de Sarmiento, en el Monumental, fueron muestras de un equipo que no se mostraba entero.

Los bajos rendimientos individuales y las lesiones llevaron a Gallardo a cambiar el esquema en busca de un colectivo que se impusiera. Encontró en D´Alessando la llave para revertir la imagen aunque igualmente los resultados eran esquivos, salvo aquel 6 a 0 que a la distancia parece un oasis. Sin embargo, aquellos 15 minutos finales en el Morumbí, ante el San Pablo, hicieron visible el alma de este equipo.

River no empató aquel partido, pero demostró que estaba vivo. Lo mismo que anoche, en Bahia Blanca, una cancha que hace once años y un puchito que nos era esquiva. Y para colmo, el equipo volvió al triunfo tras cinco fechas donde acumuló tres empates y dos derrotas. El triunfo trae confianza y se vuelca en rendimientos: como el de Balanta, que parece volver a ser; Casco, que dejó las dudas; Mayada, el 8 que este equipo necesitaba y Pisculichi, que siempre rinde y es un salto de calidad.
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