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DYN902, BUENOS AIRES 08/02/2016, RIVER PLATE VS. QUILMES FOTO: DYN/ALBERTO RAGGIO

Examen aprobado


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Con D´Alessandro cerramos la grieta


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I El fin de un ciclo, el comienzo de otro I

Por Lucas Ochoa

Muchos hinchas de River, entre ayer y hoy (algunos desde hace tiempo), están hablando de un fin de ciclo. No se refieren al de Gallardo como entrenador, sino al de un River que supo ser ganador, y que en poco tiempo ganó mucho. Ese mismo River que nos permitió soñar, ilusionarnos como hacía mucho no lo hacíamos y que nos hizo saborear la gloria en América.

Barovero y Vangioni se van a mitad de año. Se sumarán a Teo, Ramiro, Sánchez, Rojas, Pezella, Kranevitter, Cavenaghi, entre otros. Es decir, la base del multicampeón de América y campeón también de la argentina de la mano de Ramón ya es un recuerdo. Y por suerte dejó su marca en la historia del fútbol y del club.

Le eliminación en los octavos de final de la Copa Libertadores en manos de Independiente del Valle, un humilde equipo ecuatoriano, fue el pitazo final. Hasta ahí llegó ese River, o lo que quedaba de él. Fueron los últimos resabios de una caída cantada, obvia.

Hay que remontarse casi un año atrás para recordar la última gran función de ese gran plantel que formaba y jugaba de memoria: fue un 27 de mayo de 2015 en Belo Horizonte, Brasil. Ese noche América eligió a su campeón. River aplastaba 3 a 0 al Cruzeiro y avanzaba de esa forma a la semifinal de la Libertadores. Ese misma noche, simbólicamente, River ganó la copa. Con Barovero; Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Kranevitter, Ponzio, Rojas; Teo y Mora. ¿Te suena?

Luego vino el parate por Copa América y River ya no volvió a ser el mismo. Ganó, formalmente y por amor propio, la Libertadores ante Tigres. Pero los nombres, el funcionamiento y el estirpe se consagró esa noche en el Estadio Mineirão. Luego de ahí, ya nada volvió a ser lo mismo. Obnubilados por el viaje a Japón, descuidaos lo futbolístico. La inercia aún duraba, pero alcanzó solo para la Suruga Bank. No alcanzó para repetir en la Sudamericana, y mucho menos frente al Barcelona en Japón.

La falencia más grande fueron los refuerzos. Algunos rindieron, pero otros tantos no. Estos últimos no hacían más que hacernos extrañar a los que ya no estaban, caer en una inevitable e ingenua comparación. Se mostró autocrítica por parte de la dirigencia y el cuerpo técnico. Pero llegó el momento de hacerse cargo y repensar ese tema. Y ocuparse. Obvio, a veces las cosas salen, y otras veces no. Con el diario del lunes todo el más claro. Pero llegó el momento de aprender de eso, y aplicarlo.

River supo correr a 300 km por hora. Se llevó puesto a cuál rival se le cruzaba. Eliminó a Boca no una, sino dos veces por copas en menos de seis meses. Fue el campeón vigente, e histórico, de todas las competencias continentales. Pero de a poco comenzó a trastabillar, a perder el equilibrio hasta que cayó desplomado en la tarde/noche de ayer en el Monumental. Todo lo que vendrá, será nuevo. Otra etapa, que ya nada tendrá que ver (por suerte) con el pasado. Nos hizo mal creer que Bertolo tenía que ser Sánchez, que el Pity debía hacer los relevos como Rojas, Domingo adueñarse del mediocampo como Kranevitter, y Viudez rendir como lo hizo Teo.

Todo comenzó con Ramón. Lo potenció el Muñeco. Pero desde agosto del 2015 que el árbol nos tapó el bosque. ¿La buena noticia? Se aproxima un mercado de pases. Debe ser tomado como una final del mundo. Hay que desprenderse de los que no rindieron, y comprar jerarquía. Sólo de esa forma, River volverá a ser River. Ese mismo que vimos. Queda la Recopa Sudamericana, un título internacional más a tan solo dos partidos de distancia. Queda la Copa Argentina, con el boleto a la Copa Libertadores 2017 como incentivo supremo. Y el torneo local (de formato aún incierto), como escenario ideal para volver a darle forma a una idea, a un concepto, a un estirpe. Allí comenzó todo de la mano de Ramón en 2014. ¿Por qué no hacerlo de nuevo, pero de una mano conocida como la del Muñeco?
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| Imposible apagar tanto fuego |

En una relación, el tiempo juega como el peor enemigo. De los meses dorados, de la luna de miel anticipada, a una extraña sensación de abandono y descuido donde solo hay discusiones sin sentido. Desde ahí, no queda otro camino que el replanteo. Gallardo y el plantel pueden funcionar como dos polos de una relación, una que tuvo dieciocho meses dorados y cae en su primera gran crisis.

En las redes sociales, donde existe un microclima que intensifica las emociones, comenzamos a leer algunos pedidos de renuncia o fin de proyecto. Enmascarados en una falsa exigencia, en un completo estado de insatisfacción, de pedir por pedir, querer por querer, y no darse por lo menos un instante para disfrutar, algunos mensajes rozaron la vergüenza.

Sin embargo, el Monumental, que habla poco pero sentencia mucho, dio una nueva muestra de apoyo en el momento más difícil, un aplauso que emociona pero que también reconforta. Porque no somos, lo que somos, por obra y magia, sino por un trabajo en silencio y con esfuerzo. Un proyecto comandado por Gallardo y respaldado por dirigentes, los mismos que ahora tendrán que devolver el apoyo con un mercado de pases a la altura.

Y si algo nos queda por pensar, por definir, es que la dirigencia deje de hablar para la tribuna y responda en los escritorios, en el mercado de pases, negociando mejores contratos para que nuestras figuras no dejen del club, priorizando la emergencia de juveniles y sobre todo afinando la vista para reforzar un equipo que no se olvidó de pelear, sino que necesita de un plantel que lo pueda sostener.
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River tuvo doce técnicos en los últimos diez años. Ramón Díaz, el más ganador, alcanzó a dirigir dos temporadas, se despidió entre lágrimas y con el objetivo cumplido: volver a poner al equipo en lo más alto. Para Marcelo Gallardo tomar la posta no fue fácil pero su capacidad lo posicionó como el entrenador que más competiciones internacionales alcanzó.

River tuvo doce técnicos en los últimos diez años. Sin proyecto futbolístico, ni apoyo dirigencial o amparado en una política de refuerzos, los apellidos ilustres vacilaron por el banco de suplentes que da espaldas a la tribuna San Martin. Fueron diez años de tristezas y frustraciones. Pruebas y errores.

River tuvo doce técnicos en los últimos diez años. La insatisfacción del hincha, plagado de espejos donde mirarse pero sin objetivos claros, convirtió al fútbol argentino en una picadora de carne que premia solo al que gana y castiga al que intenta destruyendo de raíz ideas renovadoras.

River tuvo doce técnicos en los últimos diez años y con ninguno pude vivir la emoción de un equipo que me represente, que me acerque a los años dorados, a vivir lo que me contaron, a festejar lo que veía en youtube, a llorar de felicidad en una cancha y no de bronca.

No es una prueba de amor o la idiota testarudez de soltar aquello que me hizo feliz, es la firme convicción de saber que nada será mejo que lo actual; que nadie nos representará en un banco como lo hizo Gallardo y que ningún partido o resultado justificará su permanencia en el cargo.
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La lluvia maquilló las lágrimas de una noche de invierno. En el Monumental, en casa, con los que siempre compartimos la tribuna y frente a un final que dejó de ser un sueño para convertirse en realidad.

Un año atrás éramos campeones de la Copa y enterrábamos años de frustraciones. Las peripecias fueron tan emocionantes que la propia realidad superó al mejor guionista. Estamos a horas de volver a retomar ese camino, sinuoso, lleno de dificultades pero con desafíos.

Y si tenemos una persona capaz de enfrentar los desafíos con la grandeza que nuestro club merece es Gallardo, y sus guerreros. Jugadores que entienden los momentos y han aprendido a convivir con la adversidad.

River, te vuelvo a ver. Como cada noche de copa para vivir cada instante como único, con el objetivo de repetir, para volver a llorar como chicos, para sentir que el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes.
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| A octavos con dudas | (Por Ariel Mantelman )

River derrotó por 4-3 al débil Trujillanos como local y avanzó a los octavos de final de la Copa Libertadores al clasificar como primero en su grupo. El partido, que se presentó favorable y similar al que había disputado frente a The Strongest, unas semanas atrás, terminó con un serio llamado de atención.

A los 19 minutos, ya estaba ganando 2-0 con un doblete de D´Alessandro (tiro libre y otro de penal). El cabezón hacía jugar al equipo, se asociaba permanentemente con Nacho Fernández y Mayada; Alario bajaba a participar y el equipo gustaba porque movía la pelota de un lado a otro con velocidad y criterio.

Llegada la media hora, y cuando el equipo venezolano no pasaba mitad de cancha, asomó el primero llamado de atención: Cova descontó tras un error compartido entre Maidana que dejó corto un pase y Balanta que se confió. Seis minutos después, Mendoza vio la segunda amarilla y se fue a las duchas. Aunque con el correr del partido pareció River el que se quedó con un jugador menos.

Así finalizó el primer tiempo: D´Alessandro figura, con Casco jugando un gran partido -demostrando una vez más que, a diferencia de otras oportunidades, cuando el equipo está bien es un punto alto, incluso generando el penal del segundo gol- y con Trujillanos generando solo una situación de peligro.

| El declive de la segunda parte |

A los minutos del segundo tiempo, el arquero Perez salió a cualquier parte y Mayada empujó la pelota al arco vacío. Casi al instante del tercer gol millonario, D´Alessandro fue preservado y abandonó el terreno de juego. Alario -que siempre tiene un minuto más que el resto adentro del área- definió con mucha categoría y estampo un 4-1, resultado que parecía quedarse corto.

Pero Trujillanos, eliminado, siendo el peor equipo de la copa y con diez jugadores, descontó luego de una serie de rebotes que González logró convertir. Unos minutos después, tras un penal evitable de Balanta -de flojo partido en general- Cabezas puso cifras definitivas.

Bertolo y Martinez ingresaron y fueron más de lo mismo. El ex jugador de Banfield, que venía en levantada, al menos intenta y busca continuamente asociarse y luchar cada pelota demostrando compromiso. En cambio el “Pity” sigue entrando con desgano, volviendo al trote, y pareciera no querer aprovechar la infinidad de chances que le da Marcelo Gallardo.

Lo que sucedió puede haber sido producto de la relajación por estar en ventaja 4-1, pero el equipo venezolano dejó en evidencia falencias defensivas que River tuvo durante todo el año y deberá corregir. Si bien las lesiones lo han hecho cambiar de defensa en reiteradas oportunidades, el equipo tiene que encontrar solidez defensiva que lo caracterizó durante gran parte de 2014 y 2015 más allá que los interpretes no sean los mismos.

La próxima semana comienza lo que más le gusta a este plantel y sobre todo al técnico: los cruces mano a mano. Enfrentará a Independiente del Valle en Quito -probablemente el próximo jueves- y definirá una semana después como local. Pero antes de este cruce, el domingo, deberá enfrentar al rival de toda la vida en la Bombonera. Inmejorable oportunidad para terminar de arrancar de una vez por todas.
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